REDACCIÓN
Los pasajeros de un Uber notaron algo raro en el conductor, quien repentinamente se orilló, sin gritos, sin hacer ningún drama, simplemente les advirtió “me siento mal”.
De pronto estaban varados en la esquina de Presidente Mazaryk y Ferrocarril de Cuernavaca, colonia Polanco, delegación Miguel Hidalgo. Ellos a bordo y su conductor abajo con un malestar que lo dobló hasta quitarle la vida.

Sus pasajeros intentaron ayudarlo, le hablaron, buscaron una reacción, llamaron al 9-1-1 con la esperanza de que alguien llegara a tiempo. Pero hay momentos en los que la ayuda ya no alcanza.
Llegaron policías y paramédicos, sólo para confirmar lo que nadie quería escuchar. Después vino la llamada más dura: un teléfono sonando lejos, una voz oficial pidiendo a un familiar presentarse en el Ministerio Público.
El lugar fue acordonado y la gente se detuvo a mirar. Nadie pudo identificar al hombre del Nissan Versa. Para la ciudad fue un desconocido más; para alguien, fue un padre, un hijo, un compañero que salió a trabajar, pero ya no volvió a casa.