REDACCIÓN
La mañana arrancó como cualquier otra en Tumbler Ridge, un pueblito perdido entre montañas donde todos se conocen por nombre… pero de pronto el infierno se desató dentro de la secundaria. Lo que debía ser un día normal de clases terminó convertido en una pesadilla que dejó a la comunidad helada.
Dicen que primero fueron los gritos. Luego los disparos. Y después, el silencio más pesado que se pueda imaginar. Diez personas murieron dentro de la escuela, entre ellas el presunto tirador, quien fue encontrado sin vida con lo que parecía ser una herida que él mismo se provocó. La policía entró a toda prisa, recorriendo pasillos y salones, buscando detener la amenaza mientras estudiantes y maestros intentaban ponerse a salvo.
Pero la tragedia no se quedó ahí. Más de 25 personas resultaron heridas; dos de ellas luchan por su vida. Una tercera víctima falleció mientras era trasladada al hospital. Y como si la historia no fuera ya suficientemente oscura, otros dos cuerpos aparecieron en una casa vinculada con el atacante, ampliando todavía más la dimensión del horror.

Las autoridades activaron un cierre total en la secundaria y también en la primaria del lugar. En una comunidad de apenas 2 mil 400 habitantes, donde la escuela tiene solo 175 alumnos, el golpe se siente doble. Aquí no hay anonimato: cada nombre pesa, cada ausencia duele.
En Canadá, los tiroteos escolares son poco comunes, pero esta vez la violencia rompió esa imagen de tranquilidad. Hoy Tumbler Ridge ya no es solo un punto lejano en el mapa, es un pueblo marcado por una tragedia que nadie vio venir y que tardará mucho en sanar.