Luego de años y años de quejas ante Profeco, debates políticos e indignación generalizada, el anuncio sobre la llamada ‘fila virtual’ para la preventa exclusiva para el concierto de Lady Gaga ha dado otro round ganado a los monopolios de Ocesa y Ticketmaster.
En días pasados se anunció que la intérprete de Poker Face se presentará el 26 de abril y la cantante regresará a México tras 12 años de ausencia.
Esto causó furor entre sus miles de fanáticos que hicieron lo imposible para ganar un lugar en la fila virtual para comprar un boleto, los cuales oscilan entre los mil 400 y 12 mil pesos, sin contar los cargos por servicio que suelen ser excesivos y obligatorios por parte de Ticketmaster.
Esto volvió a despertar el debate sobre el hecho de que México es el lugar más caro del mundo para asistir a conciertos, tanto el boletaje como en los recintos donde el consumo en ocasiones tiende a ser una bofetada para el espectador, alcanzando los 240 pesos por 700 mililitros de cerveza de baja calidad.
Cabe mencionar que en días pasados se celebró el EDC, festival masivo de música electrónica, donde asistentes afirmaban gastar hasta 40 mil pesos por día.
Han sido muchos los eventos que sacan a flote la polémica sobre los monopolios disfrazados que ofrecen productoras, promotores y el propio Ticketmaster, que en casi todo el mundo está regulado.
Cabe mencionar que el ahora llamado Estadio GNP, antes Foro Sol, es operado casi de manera exclusiva por Ocesa y subsidiarias.
Además, los fanáticos son víctimas de falsificación de boletos, hecho que suma su gota a la ya de por sí inaccesible oferta para entretenimientos de este tipo que existe en México, donde ver a un artista para la mayoría se limita a otro tipo de recintos o artistas de menor categoría.